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miércoles, 2 de junio de 2010

La ley del equilibrio II



Ley del equilibrio II

continuación...

"Los deseos y las ataduras te empujan hacia delante. El miedo, la resistencia y el esquivo te detienen. En muchas ocasiones los extremos de cualquier tipo, incluso tomar una postura rígida en cualquier cosa, te puede conducir fuera de ese punto de equilibrio que valora todas las partes. ¿Lo entiendes?"
"Eso creo pero no estoy seguro," respondí.
"¡Estupendo! Eso quiere decir que estás preparado para aprender."
Mientras continuábamos a través del camino, me di cuenta que la santa pisaba con tanta suavidad las ramas caídas que prácticamente no podía oírla; su propio estado de equilibrio era exquisito.
"Como todas las Leyes que intento compartir contigo," continuó, "la Ley del Equilibrio no es sólo una filosofía sino una forma de vida, con aplicaciones muy prácticas."
Viendo mi mirada confusa, recogió una piedra, me la dio, y señaló un pino a unos diez metros.
"¿Ves el tronco del árbol de allá? A ver si lo puedes tocar con la piedra."
Cogí aire, me concentré, y lancé. Fallé por unos centímetros a la izquierda. Ella me pasó otra piedra. Volví a lanzar y me acerqué mas, pero todavía a la izquierda del centro. Entonces me dio cuatro piedras más, me miró a los ojos, y habló despacio.
"Es importante que toques el tronco con una de estas piedras."
No entendí porqué era tan importante, pero sabía que lo decía en serio; noté mi corazón acelerarse.
"¡Aplica la Ley del equilibrio!" me recordó.
"¿Cómo?
"Ya te he dicho que cuando estás en desequilibrio, parece normal para ti. Por esta razón, sigues inclinándote hacia el lado más familiar. Por tanto la manera más fácil de encontrar el centro es sobrecorregirte – practicar deliberadamente lo opuesto de lo que estás acostumbrado a hacer. Por ejemplo, si hablas demasiado rápido o demasiado flojo, para que la gente te entienda, entonces deberías deliberadamente hablar de una manera que a ti te parezca demasiado lenta o demasiado alta."
"Y ya que he lanzado demasiado hacia la izquierda," dije, "debería intentar lanzar muy a la derecha. ¿Verdad?"
"Correcto," dijo ella.
"El problema es que sólo me quedan cuatro intentos; no quiero errar el centro ni por la izquierda ni por la derecha. Quiero darle."
"Estoy segura de ello. Pero una vez hayas trabajado con los dos lados, es mucho más fácil encontrar el centro, sea el de un árbol o cualquier otra cosa."
"Entiendo," dije.
"Hacer es entender," contestó, señalando el árbol.
Dubitativamente, pero con ganas de probar la Ley, deliberadamente lancé hacia la derecha; para mi sorpresa, volví a errar hacia la izquierda de nuevo.
"Lo ves," dijo la santa.
"Acostumbrado a lo que haces normalmente – a lo que sientes como normal – no has corregido lo suficiente. Esta es la razón por la que modificar cualquier hábito es difícil, y es por eso que la gente aprende tan despacio. ¡Esta vez sé audaz! ¡Asegúrate que los dos próximos lanzamientos son a la derecha del árbol!"
Me aseguré del todo: La primera piedra fue dos metros a la derecha; y lo mismo con la segunda. "Mi último intento," dije nervioso.
"La ley del equilibrio te ayudará," dijo ella,
"y yo también."
Me dirigió hasta el árbol hasta que me encontré a sólo dos metros.
"Nadie dijo que tenías que complicarte tanto la vida," añadió con una sonrisa.
"Si te fijas, estás demasiado lejos, ¡acércate más!"
Riendo, toqué el árbol de pleno.
Mientras continuábamos el camino alrededor del lago, la santa habló sobre otro aspecto de esta ley:
"El equilibrio comienza con la respiración," dijo.
"Inspirar y expirar son los ritmos primitivos de la vida misma. Inspirando encuentras inspiración; expirando encuentras desahogo. Inspirar y expirar – nacimiento y muerte con cada respiración.
"Siente tu respiración ahora," dijo ella.
"Date cuenta de qué manera los ritmos de tu respiración están desequilibrados, al igual que tus emociones. Cuando sientas furia, acéptala completamente, y lleva tu respiración al punto de equilibrio. Cuando sientas lástima, abrázala con cariño, y lleva tu respiración al punto de equilibrio. Cuando sientas miedo, hónralo, respira profundamente y encuentra tu equilibrio.
"Cuando exhalas, das; cuando inhalas, recibes. Si recibes más de lo que das, sientes ese desequilibrio como una necesidad de reciprocar y completar el círculo de relaciones. Si das más de lo que recibes, sientes cansancio, y eventualmente te quedas sin nada más para dar."
"He leído sobre santos que dieron mucho y recibieron muy poco."
"Eso es lo que puede parecer, pero tales seres viven en un estado de abundante felicidad, y gratitud," contestó.
 

"La ley del Equilibrio nos asegura que aquellos que dan libremente, en nombre de Dios y con generosidad, reciben en abundancia."
 

Mientras escalábamos camino a la cima a través de un sendero repleto de ciervos, me acordé de algo que me había dicho cuando nos conocimos. "Anteriormente me has dicho que necesitabas mi ayuda," dije, "para algún tipo de misión."
"Esto es tu preparación," me recordó.
"Primero aprende la lección del pelícano. Encuentra equilibrio en tu vida y en todas las cosas. Honra la Ley y sigue los pasos a la sabiduría. Explora el abanico de la experiencia humana, pero, ya que los extremos habituales crean estrés, siempre vuelve a la base, al camino del medio. Deja que tus acciones y palabras salgan con suavidad, como el cambio de las estaciones. A partir del estado de equilibrio en tu interior, encontrarás la claridad y la paz en el mundo exterior."
Mientras las palabras de la santa se convertían en silencio, y continuábamos hacia los picos, me giré por última vez hacia el pelícano. Todavía yacía tranquilamente en el borde del lago.
http://sanar-el-alma.blogspot.com

2 comentarios:

Dayana dijo...

Estamos tan dormidos que no somos conscientes de que nos repetimos una y otra vez.No basta con tener la idea del cambio..todo nuestro ser ha de estar activo en él.

Gracias querida por esta maravilla.Besos

Graciela dijo...

Ser ecuánime, no irse a los extremos...para eso hay que estar "presente" en todo momento, en el ahora...caminando conciente y con equilibrio. Gracias a ti Dayana.
Un abrazo

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