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jueves, 22 de julio de 2010

Encontrar el silencio

 
EXPLORAR LA DIMENSIÓN DEL SILENCIO

La divinidad no es algo que la podamos identificar a nivel sensorial o mental. La comunión con lo divino no puede suceder hasta que la energía condicionada, individualizada, espontáneamente y con gracia, sin ninguna inhibición provocada por el miedo, no entre en la no-acción. Para que esto le suceda a nuestra mente condicionada deberá comprender sus propias limitaciones, volver al centro y relajarse en su propio ser, sin ningún deseo de alcanzar o de llegar a ser. Cuando la mente condicionada se relaja, hay silencio.
Si nos damos cuenta en el sueño profundo la mente condicionada entra en ese estado de “no acción”. La mente no es consciente, si no está soñando, estará en suspensión. En el sueño profundo hay conciencia pero no existe el movimiento de la mente condicionada. Es una energía distinta de la condicionada. En el sueño profundo nos movemos en el reino de la energía incondicionada. En el sueño profundo el ego no funciona, y por eso no estamos muertos; la interrelación espacio-temporal construida por la mente deja de existir, y sin embargo no tenemos miedo. Hemos entrado en otra dimensión de conciencia, fácil y pacíficamente y emergemos totalmente regenerados. El cerebro, los nervios, la estructura química, han descansado, las toxinas desencadenadas por el estrés y el agotamiento han sido eliminadas del sistema, y en la misma medida, el deterioro de nuestro cuerpo ha sido regenerado.
El tiempo cambia en la vigilia y en el sueño. La conciencia onírica tiene otra dimensión, así un sueño de diez minutos lo hemos vivido como días. En un sueño profundo sin sueños la experiencia interna de tiempo, espacio y con los seres desaparece totalmente. El sueño profundo es la evidente demostración de que existe otra conciencia sin tiempo, ni espacio pero contenida en nosotros.

IR MÁS ALLÁ DEL TIEMPO Y DEL ESPACIO

  Cuando la conciencia egoica se relaja en la “no acción”, aparece el silencio y la energía incondicionada, universal, actúa sobre nuestro ser, lo llena de un vigor y de una totalidad totalmente nueva y funciona a través de él.

VIVIR EN LA DIMENSIÓN DEL SILENCIO
Cuando la estructura del pensamiento pierde su presa, nosotros ya no estamos, antes éramos expectadores y observábamos todos sus movimientos. Ahora estamos en otra dimensión, la del silencio, no perturbada por ningún movimiento. Estamos inmersos en el espacio interior de la vacuidad hemos andado de la energía condicionada, particularmente nuestra, a entrar en nuestro propio ser.
Tan solo existe la totalidad del ser, no un espacio, un tiempo o una individualidad. Sin presiones, ni tensiones del pensamiento, de la memoria, de la razón. Cuando cesa toda identificación se abre el horizonte del silencio. Todo el misterio y el significado de la vida aparece en la inocente comunión con el silencio, cuando el ego no se afirma, ni se agarra a nada.
A pesar de todo nos atrae más experimentar a Dios que crecer internamente. Dios no puede ser experimentado. Lo divino es la totalidad que puede ser comprendida pero no experimentada. Sentida pero no vista. Lo divino es algo más que una experiencia física o psicológica. Si vaciamos nuestras cabezas de todas estas estupideces de encontrarlo, experimentarlo, tendremos el coraje de llegar a la frontera de la verbalización y zambullirnos en el espacio interior del silencio.
La clave de la meditación es la persona sin tiempo, sin causa. Cuando a esta persona le surge la acción, los compromisos de la vida, actuará con vigilancia, con sensibilidad y con espontaneidad. Cuando la acción no sea necesaria para ella se relajará a la espera del silencio, libre de actividad para renovarse. La separación ya no es posible, este cambio no es una adquisición espiritual sino un crecimiento total, y no existirá el miedo a perder lo adquirido.
Meditar es encontrar la eternidad en el momento presente. Implica a la totalidad de mi ser a cualquier respuesta que necesite mi vida interior o exterior. Meditar es aprender a tener una actitud abierta a cualquier cosa que surja en nuestra mente, mientras observamos su movimiento. No está ligada al tiempo, ni al espacio, ni limitada por las construcciones mentales. Es la relación con las cosas tal y como son. Es una pureza de observación, sin aferrarse y sin rechazo.
Nos lleva a la comprensión y al entendimiento sin necesidad de análisis.
SATIPATHANA, es la atención vigilante para ver un pensamiento como tal, sin ser gobernados por él. Tan solo observamos el proceso de pensar, no al sujeto o al contenido.
VIPASSANA: Abrir la conciencia para observar la naturaleza cambiante de las cosas, la experiencia sin objeto.
SAMATHA: Un sólo objeto de calma y atención.
La naturaleza de nuestro pensamiento es en su núcleo “cambio”, como todo fenómeno condicionado.

Carlos Fiel

2 comentarios:

QUEOQUINA dijo...

Querida Graaciela, gracias por esta entrada, llegar al silencio absoluto es la libertad, un abrazo.

Adriana Alba dijo...

Vos sabés Graciela, que hace unos años, practicaba Vipassana con el grupo de Yoga, en su momento lo disfrutaba enormemente, pero había ocasiones que me resultada forzado.
Cada vez necesito menos tiempo para entrar al silencio, y eso me gusta, son pequeños instantes en los que logro desconectarme totalmente de todo. Me llevó su tiempo, pero vale la pena!

(que no es pena...es gozo)

Gracias, como siempre un lujo leerte.
Abrazos.

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