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miércoles, 26 de mayo de 2010

La naturaleza del Amor




Bajo el árbol amigo

Un hermoso y frondoso árbol del bosque estaba destruído por haber amado demasiado, por haber entregado todo de sí mismo a quien no supo amarlo de verdad. Primero entregó sus frutos, luego le dió sus ramas y finalmente  ofreció su tronco entero...y se quedó solo, vácío de amor, sufriendo y  con eternas preguntas sobre el destino de quien creía amar.
Finalmente un maestro viajero, que estaba de paso por allí lo encontró, lo sintió y acarició con bondad infinita el tocón que antaño había sido un árbol impotente y hermoso.  A continuación cerró sus insondables ojos unos instantes y besó con dulzura la ajada corteza.  El viejo árbol se sintió reconfortado por el infinito poder del amor.
Entonces abrió de nuevo los ojos, observó el viejo tocón y con expresión de respeto le dijo con voz suave y firme:
-Amigo árbol, ese niño, hoy hombre, que tanto esperas nunca regresará.  No lo hará porque sabe que tú ya no tienes nada que ofrecerle Nunca te amó, solo ambicionaba tus recursos.  Pero tu tampoco lo amaste, porque si algo le diste lo hiciste porque de ese modo confiabas en retenerlo junto a ti y Amar no consiste en darlo todo, sino en ofrecer lo adecuado y estar, al mismo tiempo, dispuesto a recibir.  Profundiza en la experiencia de amor incondicional, comprende la armoniosa naturaleza del dar y del recibir, embébete de la energía inagotable, del poder del amor que hay en ti.
Entonces sucedió algo extraordinario, al contacto con la mano del viajero el espíritu del árbol se sumió en una profunda y renovada calma.  empezó a vislumbrar otros rostros, un caudal de caras que desfilaban ante él...centenares, miles de semblantes distintos... todos se le acercaban. Y ocurrió que todos esos rostros adquiríeron al final una misma apariencia, que adoptaba rasgos infantiles...

...Entonces se vió a si mismo como una sencilla semilla engendrada entre los pétalos de la flor de un gran árbol y, aún semilla, vio a continuación como un pájaro la transportaba en el pico hasta que la flor caía en el prado.  Contempló el amanecer del mundo, galaxias que explotaban y se consumían y luego quietas aguas que se mecían en la oscuridad de la noche.  Y en todo ello había algo que se entretejía entre todas las cosas, y un hilo de continuidad, algo débil sin sustancia, aunque con existencia.  Y experimentó a través de esos hilos el Universo entero. Todo era luz.
Y mas allá, y por encima del firmamento, entrevió la sonrisa del innombrable poder que trasciende la existencia.
En ese instante, su consciencia comprendió la infinitud del tiempo, el misterio de la vida y la muerte. Se dejó arrebatar por un profundo estado de amor y sabiduría y la realización máxima llenó todo su ser con una inefable gratitud.
A medida que el inmutable y luminoso éxtasis lo embargaba, todo atisbo de vida se recogía en lo mas profundo de sus raíces, preservando así su singularidad en el nutricio seno de la madre tierra.
Cuando la imagen del mundo se desvaneció por completo de la consciencia del árbol y quedó solo el vacío y el silencio, el joven maestro que había permanecido junto a él sin moverse, se incorporó, y en silencio, se dirigió hacia el bosque, allí pareció que se desvanecía, como si se fundiera con las doradas coloraciones de los árboles.  Todo ello ocurría bajo el rojizo cielo del atardecer de un lejano día de otoño.
Así fue como el gran árbol alcanzó finalmente la completa comprensión de la naturaleza del AMOR.

Frederic Solergibert

7 comentarios:

mária dijo...

Hermooosooo. El amor es equilibrio, es perfecto y no puede existir si no hay intercambio. Bueno, existe, pero eso es otra cosa. en el amor tiene que haber entrega por ambas partes.

Abrazos de árbol en primavera

mária dijo...

Que se me ha olvidado decirte que te quiero.

QUEOQUINA dijo...

Graciela, que bello relato, me he estremecido de pies a cabeza, gracias por este regalo en donde mi día comienza con esta lección, recibe un incondicional abrazo.

Isora dijo...

Graciela que preciosa tu entrada de hoy, me recuerda a María y a su amiga Eva con el amor que sienten por trepar y abrazar sus árboles.
Preciosa historia metafórica que como siempre nos lleva a reflexionar sobre el amor verdadero.
Beeesos.

Adriana Alba dijo...

Que bella historia, cada vez estamos más necesitados de tomar contacto con nuestra bendita naturaleza, incorporar a nuestro Ser su energía y obviamente aprender de ella, es un ida y vuelta.
Por eso cada tanto tenemos que ecaparnos y disfrutar de su sabiduría y amor!

Abrazos Graciela!

Dayana dijo...

Me ha recordado a un fragmento del libro MUjeres que corren con los lobos,en el que habla de aquellas mujeres que aman demasiado y se quedan sin energia propia.

Muy bello texto!! Besos

Graciela dijo...

Gracias a todas por sus hermosos comentarios que nutren de amor este espacio.
Un abrazo grande!!

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