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jueves, 9 de mayo de 2013

CONTACTO CON EL ALMA Y SERVICIO




El Contacto Con El Alma.
El reino humano se halla en una etapa evolutiva intermedia, entre el reino animal y el reino espiritual. Del animal traemos los instintos, como, por ejemplo, la reproducción y la autopreservación. Del reino espiritual recibimos el llamado al servicio, cada vez más universal, vocación de todas las almas que despiertan.
Si queremos avanzar en el camino evolutivo, necesitamos encontrar dentro de nosotros ese núcleo profundo, el alma. El contacto con el alma y la inspiración de los niveles de los niveles espirituales nos permiten servir libremente, donarnos a la vida universal.
Las acciones abnegadas y el servicio comprendido como donación de sí a la meta que el alma conoce, atraen energías sublimes hacia la Tierra. Fortalecen los ideales elevados y el altruismo.
El servicio puede manifestarse en las actividades más variadas, sean internas o externas, pero no se puede prever qué forma tomarán. No podemos programar mentalmente las acciones por las cuales la energía del servicio se expresará, pues están determinadas interiormente. Como el contacto con el alma es la vía del puro y correcto servicio, es ese contacto el que en principio debemos buscar, y consecuentemente la forma de servir nos será mostrada.
En la etapa preparatoria para el servicio, el alma proporciona al cuerpo físico, al emocional y al mental la oportunidad de purificarse; el Karma individual se va equilibrando, se va ajustando a nuevas coyunturas, se van reconociendo los patrones de conducta impersonales, y dinamizando los potenciales latentes.
Cuando Fluye El Servicio.
Si estuviéramos buscando o escogiendo el tipo de servicio que prestar, impediríamos el flujo de la energía del alma sobre nuestros cuerpos y, por lo tanto, sobre nuestra acción. Cuando tenemos una idea preconcebida de cómo servir, el alma no puede actuar con libertad; y sólo ella conoce el tipo de energía espiritual que puede canalizar hacia la obra en determinado momento, y a quien dirigir ese energía.
El servicio también queda limitado si intentamos ayudar a los demás indiscriminadamente, sin conocer sus reales necesidades. Movidos sólo por la buena voluntad, podemos interferir en el camino de las personas, desviándolas de su verdadero destino. Sólo ayudamos efectivamente cuando afirmamos el contacto con nuestra alma, pues así ella misma los llevará a superar los problemas que puedan estar enfrentando.
Otro obstáculo para el servicio es el hábito de la autoevaluación. Si nos ponemos a analizar la energía espiritual que fluye a través de nosotros, si queremos evaluar el progreso de otro ante la ayuda que le estamos dando, si intentamos identificar lo que proviene de nuestra alma según patrones humanos, condicionamos con nuestras ideas lo que fluye de un nivel superior y desconocido.
La autoevaluación limita el servicio espiritual, elimina la imponderabilidad que lo caracteriza. Lo transforma en un acto racional y humano, aunque bien intencionado. Aunque sea positiva cuando desenvuelve en nosotros la percepción en reconocer nuestros defectos y estimula la humildad, se vuelve limitante cuando, por su causa, nos juzgamos inadecuados para ciertas tareas.
Recordemos que, cuando asumimos una tarea movidos por el impulso del alma, recibimos ayudas especiales, en los momentos oportunos.
En fin, la energía espiritual comienza a fluir sin dificultad cuando estamos en quietud y en sintonía con el alma. En ese estado, el servicio se realiza a través nuestro, independientemente de nuestra participación consciente. Nos convertimos en un instrumento del alma, y presenciamos lo que se desenvuelve con imparcialidad, sin interferir, aunque siempre listos para cambiar las cosas, si fuere necesario.
Con armonía y tranquilidad, percibimos claramente que somos meros vehículos para el trabajo del alma en la Tierra. Nos corresponde permanecer en sintonía con ella y retirar de la mente todos los conceptos sobre lo que sería una acción útil. Debemos abandonar toda preocupación por resultados, pues estos siempre son imprevisibles.
La Preparación Para El Servicio.
Podemos ser continuamente preparados para el servicio, pues siempre tenemos algo que aprender y que purificar en nosotros mismos. A cada instante estamos aprendiendo con la energía que fluye de lo alto y con el propio servicio, que puede ampliarse, introduciéndonos en nuevos campos de aprendizaje.
Nunca nos estancaremos en ningún punto del camino si permanecemos abiertos a lo más elevado que hay en nosotros, y si cultivamos el desapego.
El desapego es esencial en la preparación para servir: desapego por lo que sucede mientras servimos, desapego por los resultados, desapego por los puntos evolutivos ya alcanzados. Cuanto más desapegados, más claridad tendremos y más amplia será la obra realizada por intermedio nuestro.
El desapego también es esencial para estar atentos al momento presente. El momento presente contiene todas las condiciones para que el servicio sea bien realizado. Lamentar el pasado o elucubrar sobre éste, conjeturar acerca del futuro nos aleja de la realidad y perturba el momento presente.
Cuando el desapego existe, no nos lleva a la frialdad o a la indiferencia; al contrario, nos lleva a la plenitud interior y libera a los que de algún modo están en contacto con nosotros. El desapego abre canales, y así lo que viene de lo alto puede fluir libremente en nuestra conciencia y en nuestros cuerpos.
La preparación para el servicio también requiere otros ajustes en nuestra personalidad: en el cuerpo físico, en el emocional y en el mental.
Para estar en buenas condiciones, el cuerpo físico necesita una vida ordenada y una organización del tiempo y del espacio. Disciplina y horarios que cumplir en la vida diaria ayudan a armonizarlo y a volverlo receptivo a la energía anímica. Esa energía, además de ampliar su capacidad, es equilibradora.
En cuanto al cuerpo emocional, se lo trabaja principalmente con el cultivo saludable de la devoción y de la fe – sentimientos que nos predisponen a una vida espiritualizada, cultivada. Reprimir emociones, sin purificarlas y sin orientarlas hacia un objetivo superior, de nada sirve. Es preferible reconocerlas, transformarlas y, si fuese necesario, expresarlas con discernimiento. Nuestras reacciones emocionales no deben perjudicar a los demás, por eso necesitamos invocar la energía del amor-sabiduría, que viene del alma, para impregnarlas.
El amor-sabiduría es curador, y nuestro nivel emocional fue creado para ser su vehículo, en beneficio de las personas y del mundo.
Pero, las emociones también pueden trabajarse indirectamente, por medio de la vida física organizada y de la mente dirigida hacia niveles superiores. Esto se debe a que el cuerpo emocional es más fluido, inestable y pasible de la influencia de los demás cuerpos. Se equilibra con el tiempo, a medida que van entrando en armonía.
Con respecto a la mente, se equilibra cuando se ocupa con ideas superiores y cuando sigue impulsos internos – tanto los que vienen de nuestro propio ser, como los de alguien inspirado. La obediencia a esos impulsos aporta ideas claras y pensamiento integrado.
Si somos devotos de nuestras mejores cualidades y obedientes a las señales que la vida nos presenta, y si estamos listos para seguir los imprevisibles dictámenes del alma, seremos un buen vehículo para que las energías espirituales penetren la vida material. Estaremos, de hecho, sirviendo a la humanidad y colaborando para que se libere de sus actuales condicionamientos, tan estratificados.
Los que siguen el camino del puro servicio del alma no lo confunden con mera actividad exterior. Además, superan la acción interesada en el propio bienestar y pasan a la acción dirigida al verdadero bienestar de sus semejantes, pasan a percibir la existencia del mundo de las almas y a relacionarse con él.

TRIGUEIRINHO




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